post

¿Se nos va definitivamente Víctor Mesa?

Quien fuera un extraclase como jugador activo y luego el más polémico, seguido, amado, habilidoso, inteligente, mediático y odiado, entre todos los directores y jugadores de béisbol, parece que dice adiós definitivamente a su gran pasión.

Este lunes Víctor Mesa anunció en entrevista con la emisora Radio Rebelde que no dirigirá a Industriales en la próxima campaña del béisbol cubano.

El 32 dio como justificación que no lo tuvieron en cuenta en las ultimas competencias de béisbol que se desarrollan en la isla, con la mira puesta en los próximos compromisos internacionales. A la mayoría nos parece una falsa excusa. Es más probable que la decisión esté relacionada con el paso que recientemente han dado sus hijos, quienes abandonaron el país para probarse como profesionales.

Probablemente la reacción de Víctor no sorprenda. Para nadie es un secreto que la decisión de los hijos tiene consecuencias en el expediente del padre, pero ¿qué implicaciones tiene la renuncia del padre para el béisbol cubano?

Víctor Mesa como jugador activo fue una súper estrella. Más allá de sus excelentes números, destacó por detalles que no se registran en estadística alguna; razón por la cual, quizás no sea del todo bien valorado, sobre todo para quienes no pudieron acudir al estadio a verlo y ahora solo se apoyan en lo que está escrito para descubrirlo.

Víctor defendió apasionadamente su camiseta. La misma energía, carisma y actitud que lo caracterizó como director, lo acompañó como jugador activo. Él estaba pendiente de los pequeños detalles del juego que podían cambiarle el desenlace, le imprimía un extra a su desempeño, más allá de sus habilidades al bate o guante, que resultaba inigualable. La prensa lo apodó “La explosión naranja”.

En las Series Nacionales 92-93, 93-94 y 94-95 su equipo resultó campeón. Él era la estrella de los villareños y como tal se desempeñó. Muchos no olvidan los jonrones de Gourriel en Parma ni el de Marquetti en el Latino, pero Víctor hizo algo similar para conseguir una corona. En dos ocasiones en un play off le tocó empuñar mientras su equipo perdía y en sus muñecas estaba la victoria. En ambas circunstancias se agachó detrás del home, apoyado en el bate, haciendo una de sus tantas excentricidades que evidentemente era una premonición. Cuando se paró he hizo swing de jonrón, puso a saltar de alegría a toda su provincia y a muchos seguidores que el 32 tenía regado por el resto de la isla. Es injusto que tal proeza no se recuerde.

Luego del retiro como jugador activo, no hubo cambios. Siguió con su actitud diferente, pero superior. ¿Recuerdan cuando fue expulsado del estadio en la Isla de la Juventud y se metió dentro de la mascota de los yumurinos? Más que una indisciplina, fue una lección: Víctor no concibe estar fuera. ¿Recuerdan cuando detuvo el encuentro antes del primer lanzamiento porque el árbitro principal dio la orden play ball y se olvidó ponerse la careta? Víctor “está en to”, como suelen decir los cubanos.

Como manager siguió dando lo mejor por el béisbol. Consiguió que sus equipos fuesen muy competitivos, los disciplinó, les enseñó, los guio a la victoria, aunque nunca la alcanzó teniendo él las riendas. Pero indudablemente influyó su trabajo para que Moré ganara, al igual que estará visible su huella si Figueroa lo hace mañana.

Antes de llegar a Matanzas los aficionados de aquella provincia arrastraban una larga apatía por el béisbol, consecuencia de los pobres resultados durante aproximadamente veinte años. No había pasado un año en el banquillo de los cocodrilos y más de medio millón de yumurinos estaban pendientes y esperanzados por conseguir el máximo título del béisbol en Cuba. Y los alrededores del estadio Victoria de Girón se convirtieron en referencia para todo el país. Allí se respiraba el mejor ambiente de todas las plazas. ¿Quién es el responsable de los cambios?

También se le critica a Víctor el trato con sus peloteros. Pero lo cierto es que Mesa es el director que más arrastra jugadores de un equipo a otro, por muchísima diferencia. Tan mal no los puede tratar. Es más probable que se le mal interprete, sobre todo, sus gestos.

Entre otras razones, por lo antes escrito, es el ídolo de muchos, más allá de sus excelentes números. Seguramente Omar Linares y quizás algún que otro se destacó más que Víctor como jugador activo, sobre todo en las estadísticas. Pero ninguno de ellos al retirarse sumó una hoja de servicios como la del 32. Víctor hizo méritos suficientes durante toda su la larga carrera, tanto como jugador activo como director, para ser considerado el deportista que más le ha aportado al pasatiempo de los cubanos.

Ahora que parece que le va a dar un giro grande a su trayectoria, es momento para que las autoridades deportivas cubanas se lo piensen muy bien y rápido, quizás hasta los más altos dirigentes políticos de la isla deberían tomar cartas en el asunto y hacer la mayor concesión a favor del 32, antes que sea demasiado tarde. Sería imperdonable que pusieran a Víctor detrás de un buro, allí él no hace la diferencia. Para seguir siendo el mejor necesita los spikes y el uniforme.

Si como buen padre quiere tener acceso a las orejas de sus hijos, que se le creen los mecanismos. Si ya los Industriales tienen nuevo manager, que lo manden a dirigir a Camagüey, Guantánamo o donde sea, pero a Víctor no lo debemos perder definitivamente. Nadie atrae tanto público, genera tantas pasiones encontradas y le hace tanto bien al béisbol, como él. Es pieza fundamental e insustituible en el espectáculo beisbolero cubano. La pelota en Cuba hace mucho tiempo que está en crisis. ¿Se puede dar el lujo de perder a quien se perfila como su gran leyenda?